Durante décadas, el diseño del velero oceánico ha estado fuertemente asociado a una imagen casi incuestionable: un monocasco con un quillote en veleros profundo rematada por un pesado quillote de lastre. Esta solución ha demostrado ser eficaz, robusta y relativamente sencilla de analizar desde el punto de vista de la estabilidad. Sin embargo, que una solución funcione no significa necesariamente que sea la única posible. En este artículo proponemos revisar el rol del quillote desde una mirada funcional y plantear una hipótesis de diseño alternativa, orientada a abrir el debate técnico sin caer en soluciones extremas ni experimentales.

El quillote en veleros: mucho más que una pieza
Cuando se habla de eliminar el quillote en veleros, suele interpretarse como un intento de “quitar peso” o de simplificar el barco. En realidad, el quillote no es simplemente una masa colgando del casco, sino un verdadero paquete de funciones concentradas en un único elemento. Por un lado, aporta lastre y baja el centro de gravedad del conjunto. Por otro, genera el brazo adrizante necesario para oponerse al momento escorante producido por el viento en las velas. Además, cumple funciones hidrodinámicas, resistiendo la deriva lateral, y funciones estructurales, ya que actúa como punto de cierre de las cargas del aparejo a través de la estructura del casco.
Desde este punto de vista, la pregunta correcta no es si se puede eliminar una pieza, sino si es posible redistribuir esas funciones en otros elementos del diseño sin comprometer la seguridad ni el comportamiento del velero en mar abierto.
Las limitaciones del tradicional quillote en veleros
El profundo quillote en veleros tiene virtudes claras, pero también impone restricciones importantes, especialmente en un velero pensado para navegación oceánica prolongada. El calado elevado limita el acceso a ciertos puertos y fondeaderos, condiciona las varadas y aumenta la vulnerabilidad frente a golpes o encalladas. A esto se suma un arrastre permanente, incluso en condiciones en las que no se requiere toda la capacidad adrizante que ofrece.
Estas limitaciones no invalidan la solución tradicional, pero sí justifican preguntarse si existen alternativas que permitan mantener la estabilidad necesaria reduciendo algunas de estas penalizaciones.
Estabilidad: una cuestión de brazos, no solo de peso
Un error frecuente es asociar la estabilidad exclusivamente a la profundidad del lastre del quillote en veleros. En realidad, la estabilidad transversal depende del brazo entre las fuerzas que tienden a escorar el barco y aquellas que lo enderezan. Ese brazo puede lograrse de dos maneras: bajando el centro de gravedad mediante peso profundo, o generando un brazo lateral significativo a través de la geometría de la flotación.
Los multicascos son un ejemplo extremo de esta segunda estrategia, pero no son la única posible. Incluso en un monocasco, es factible pensar en elementos auxiliares que, sin flotar permanentemente, entren en acción cuando la escora lo requiere y aporten un brazo adrizante adicional.
Una hipótesis de diseño: monocasco con flotadores retráctiles
La hipótesis que se plantea es la siguiente: ¿es posible prescindir del tradicional profundo quillote en veleros, utilizando en su lugar un bulbo de lastre menos profundo y complementarlo con flotadores laterales retráctiles que aporten estabilidad solo cuando sea necesario?
Desde el punto de vista físico, la idea es simple. Un volumen relativamente pequeño de flotación, ubicado a una distancia lateral considerable del eje del barco, puede generar un momento adrizante comparable al de un gran peso colocado cerca del plano diametral. La clave no está en la magnitud del volumen, sino en el brazo con el que actúa.
Aplicando el principio de Arquímedes, el empuje de un flotador depende del volumen sumergido. El momento adrizante que aporta es el producto de ese empuje por el brazo lateral efectivo. Esto permite demostrar, con cálculos de orden de magnitud, que volúmenes sumergidos relativamente modestos pueden compensar una parte significativa del momento que tradicionalmente aporta un quillote profundo.
Un ejercicio numérico para ganar perspectiva
Tomando como referencia un velero oceánico realista, similar en filosofía y distribución interior a un crucero de unos 45 pies, es posible estimar el centro de gravedad global y evaluar cuánto se eleva al eliminar el quillote en veleros. Ese incremento, aunque significativo, no implica que el barco se vuelva intrínsecamente inestable, sino que pierde una parte de su brazo adrizante.
A partir de ahí, se puede calcular qué momento adicional sería necesario para compensar esa pérdida y estimar el volumen de flotación lateral requerido para lograrlo. El resultado de este tipo de ejercicio no pretende validar un diseño definitivo, pero sí demostrar que la hipótesis es físicamente razonable y merece un análisis más profundo.
Qué no es este enfoque
Es importante aclarar que este planteo no busca transformar al velero en un trimarán encubierto ni propone un experimento extremo orientado a la regata. Tampoco pretende eliminar el lastre por completo. Se trata de un monocasco oceánico, pensado para crucero de largo alcance, que explora una redistribución de funciones con el objetivo de mejorar el rango operativo, reducir el calado y aumentar la versatilidad sin renunciar a la seguridad.
Conclusión
Cuestionar el quillote en veleros no significa negar décadas de experiencia en diseño naval, sino aplicar ese conocimiento con una mirada crítica y abierta. Analizar el quillote como un conjunto de funciones permite imaginar soluciones alternativas que, al menos desde el punto de vista conceptual y de los órdenes de magnitud, son viables.
El verdadero valor de este enfoque no está en afirmar que el quillote en veleros debe desaparecer, sino en demostrar que no es la única respuesta posible al problema de la estabilidad. A partir de aquí, el camino lógico es profundizar en el análisis de estabilidad, estudiar curvas de adrizamiento y evaluar el comportamiento dinámico. Solo entonces será posible determinar si esta hipótesis puede convertirse en un diseño real y seguro para navegar en mar abierto.
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